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 Esta entrevista venía en el Zona de Obras especial Triquinoise



 
 


 ¿Qué saldría se un dueto Raphael-Corcobado?
 Probablemente un duelo. Yo no le conozco personalmente, 
 pero me han dicho que es una fiera y me podría arañar. Me dejaría en ridículo. 
 

 ¿Pasas de ser una persona optimista a todo lo contrario?
 Yo siempre he sido optimista lo que pasa es que sólo sabía hacer canciones tristes.
 Ahora puedo hacer temas menos melancólicos.
 

 ¿Estás harto de las comparaciones con Nick Cave?
 Respeto a Cave pero no me cabe comparación. 
 De quién no niego influencias rotundas es de Alan Vega. 
 

 ¿Te ha influído creativamente el hecho de ser padre?
 (sarcástico) Me alegro que me haga usted esa pregunta... 
 lo único que voy a decir  es que todo el disco está dedicado a un personaje nuevo 
 que se llama Nicolás.
 Nicolás fue también el último zar de Rusia al cual Rasputín le hizo cien mil putadas,
 Nicolás II, Zar de todas las Rusias; a Rasputín lo tuvierón que matar a tiros porque
 ni envenenándolo podían quitarselo de encima.
 Yo soy un monstruo ¿eh?, y Nicolás va a serlo tres veces más, no hay más que 
 verlo lo quiero muchísimo.
 

¿Podrías ser un ídolo de masas?
 ¿ Implica eso que te hagan una estatua?, ¿vendes miles de discos?. Si, por qué no. 
 Me veo.
 

¿ La música llegó a tí como una musa, o la buscaste como único agarre, única salvación?
 Siempre quise ser cantante: alguien con un micrófono. 
 Las musas me suenan a mahonesa. Fué en el 86, al grabar con Mar Otra Vez 
 "Edades de Öxido", cuando me lanzé de cabeza a la "salvación". 
 Y creo que voy cicatrizando, como las panderetas en agosto. 
 Pero he de confesarte que no me gustaba la música: 
 tan sólo me interesaba lo que se puede romper con   ella. 
 

¿Por qué ese afán de autodestrucción?
 No lo sé. Antes porque sí... 
 Ahora sirve para vender miseria humana. Dentro de la música se utiliza bastante 
 como estética. Los suicidas son reyes, piezas del rompecabezas que no encajan. 
 Se puede ser auténtico como Ian Curtis o farsante como Lou Reed.
 Aunque esto no es malo, si te permite reirte de ti mismo y de la autodestrucción, 
 continuas viviendo. 
  

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